Historias de Hermana

Hna. Esther Njeri Rambagia

Mi nombre es Hermana Esther Njeri Rambagia. Nací en Kiambu, Kenia siendo hija de George y Margaret Rambagia. Soy la quinta en una familia de once hijos. Tuve la suerte de crecer en una familia muy apegada a la religión. La oración era parte de nuestra rutina diaria, además del compromiso con mis responsabilidades y ayudar a los necesitados. Los valores de mi familia son un reflejo de lo que soy ahora. Tanto las Hermanas de Loreto como la Congregación del Inmaculado Corazón de María trabajaron en mi parroquia y fueron una gran influencia en mis primeros años de vida. Las hermanas solían compartir sobre su vida con los jóvenes de la parroquia, y fue a través de su ejemplo que comencé a aprender lo que significa ser religiosa.

Me bauticé a una edad temprana en la iglesia católica parroquial de Riara y, a través de la fe de mis padres, mi “Sí” al Señor se fue nutriendo de forma gradual. Entré a la escuela dominical a los cinco años, en donde mi maestra era una religiosa de las Hermanas de Loreto. El 14 de julio de 1992, recibí mi primera Comunión y el domingo siguiente recibí el Sacramento de la Confirmación. Durante mi etapa en la escuela primaria, hubo dos religiosas de la Congregación del Inmaculado Corazón de María que nos enseñaron Educación Religiosa Cristiana (C.R.E.), además de orientación y asesoría. Esas dos hermanas eran una verdadera inspiración para mí, y el deseo que tenía de unirme a una vida religiosa era cada vez más profundo. Después de obtener mi Diploma de Educación Primaria de Kenia (K.C.P.E), las dos Hermanas me visitaban en casa, principalmente los domingos por la tarde, ya que su convento no estaba lejos de donde yo vivía. En ocasiones, era yo quien las visitaba y tenía la oportunidad de hacerles todas las preguntas que se me venían a la mente sobre la vida religiosa. Mi hermana, María, se unió al Movimiento del Sagrado Corazón de Jesús y su devoción me inspiró a unirme a mí también. Me inscribí en Formación Uno en la escuela secundaria de niñas Loreto Kiambu en mi parroquia. No me tomó mucho tiempo sentirme como en casa con las Hermanas de Loreto, que trabajaban en la escuela, y pude interactuar fácilmente con ellas. Debido a circunstancias inevitables mientras estaba en Formación Tres, mis padres me transfirieron a la Preparatoria Banana Hill, que no era una escuela patrocinada por católicos, pero esto no me impidió mantenerme fiel a mi vida de oración.

Participé en varios ministerios parroquiales, incluyendo la enseñanza a los niños pequeños en la escuela dominical. Dirigí la danza litúrgica, seguí siendo integrante fiel del Movimiento del Sagrado Corazón y del grupo de jóvenes. Durante todo ese tiempo, sentía muy dentro de mí un fuerte llamado para unirme a la vida religiosa. No tenía idea de hacia dónde me estaba guiando el Señor, pero seguía abierta y segura de que Él me mostraría el camino y la Congregación a la que debería unirme. Hablé con mis padres sobre el tema, y ellos me animaron a seguir orando y me aseguraron que no dejarían de orar por mí. Sin embargo, mis padres querían que tomara un curso de enseñanza antes de ingresar a la vida religiosa.

Antes de entrar a la universidad, las Hermanas Siervas de la Madre de Dios (S.M.G.) promovieron vocaciones en nuestra parroquia y me dieron su información de contacto, por lo que estaba en contacto con una de ellas. La hermana me aconsejó tener paciencia, escuchar los consejos de mis padres y tomar el curso de enseñanza.

Después de haber tenido contacto con Hermanas de tres diferentes congregaciones, me sentí muy confundida y no sabía a qué congregación unirme. En el silencio de mi corazón, sentí que necesitaba unirme a una congregación que estuviera lejos de casa, ya que desde que era una niña, toda mi vida había girado en torno a mi parroquia y sentía que necesitaba una mayor exposición.

Tiempo después, asistí al Programa de Promotoras Infantiles, en donde tomé un curso Montessori en 2003. Posteriormente, en el 2004 y 2005, una vez que completé mis estudios, me uní a la Escuela de las Hermanas de la Misericordia en los barrios marginados de Mukuru. Ahí es en donde conocí por primera vez a una Hermana de la Caridad del Verbo Encarnado, Hermana Agnes Muthoni Njeru, CCVI, quien estaba enseñando en Mukuru. En aquel momento le comenté a Hermana Agnes sobre mi deseo de unirme a la vida religiosa. Después de mantener correspondencia con ella durante aproximadamente seis meses, me sentí atraída por el llamado fundacional de la Congregación, Nuestro Señor Jesucristo, sufriendo en las personas de una multitud de enfermos y necesitados de toda condición, busca alivio en sus manos. Hermana Agnes me dio la información de contacto de Hermana Maureen Costello, Directora de Vocaciones CCVI, y comencé a estar en comunicación con ella. A partir de diciembre de 2005, después de mi graduación, comencé a visitar a Hna. Maureen una vez al mes, en nuestras reuniones compartía con ella mucho sobre mi vida. Ella viajó conmigo y me presentó a otras Hermanas CCVI. Todas me trataron con mucha hospitalidad y me hicieron sentir como en casa. En el 2006, fundé un jardín de niños Montessori en mi pueblo natal, ya que era que se necesitaba mucho en la comunidad. La escuela tuvo un éxito inmediato y el apoyo de las familias y la comunidad parroquial. Muchos niños se matricularon en la escuela, lo que ayudó a su éxito.

En diciembre de 2008, finalmente, entré al Postulantado de las CCVI, en el que integré mis valores personales conforme iba conociendo y aprendiendo más sobre nuestro carisma. Todo esto me dio una gran alegría interior y un sentido de pertenencia. La historia de nuestro fundador, el Obispo Claudio Marie Dubuis, y su respuesta al llamado de Dios, me conmovió de forma especial. El llamado de Jeanne de Matel a ser Evangelio de amor fue algo que también me llegó al corazón. En agosto de 2009, solicité voluntariamente unirme al Noviciado y mi solicitud fue aceptada. Durante esta etapa, adquirí un conocimiento más profundo de las Escrituras y la espiritualidad. Mejoré mis habilidades de comunicación y me concentré en desarrollar mis habilidades personales para incluir el conocimiento de mí misma, la expresión emocional y el trabajo en equipo. Además, estudié sobre la vida comunitaria, los votos de pobreza, castidad y obediencia, y los desafíos de llevar una vida religiosa, entre muchas otras cosas. Hice mis primeros votos el 8 de diciembre de 2011. Considero que mis años de formación inicial fueron la piedra angular de mi vocación religiosa, y estoy agradecida con Dios y con todos los que fueron parte de mi camino.

Entre los ministerios que he realizado, puedo decir que he trabajado como maestra en St. Charles Lwanga Kibera, Escuela Parroquial Cristo Rey, en Embakasi, y Escuela Primaria St. Arnold Janseen, en Soweto, todas en Nairobi. Durante mi año internacional, tuve la oportunidad de enseñar en la Escuela Católica Saint Anne en Houston, Texas. Actualmente, soy Directora y Profesora en St. Peter the Apostle Early Years of Education (E.Y.E.).

El 17 de agosto de 2019, fue un día lleno de luz en el cual, tomando los votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia, hice un pacto solemne con Dios y la iglesia de amarlo y servirlo con todo mi corazón hasta la muerte. A lo largo de mi experiencia vivida como religiosa, el mayor regalo ha sido el de entregarme por completo a Dios en todo lo que hago. Estoy agradecida con Dios por el regalo de mis padres y mi linda familia, quienes me han brindado un gran apoyo integral. Seguiré agradecida con el Liderazgo de nuestra Congregación, que siempre ha sido generoso y entusiasta. Su visión y fe en mi capacidad me ha permitido explorar nuevos dones y talentos. Agradezco también a las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado que con paciencia y amor me acompañaron y guiaron durante mis años de formación inicial. Un agradecimiento especial a todas las personas que vinieron a presenciar mi Profesión de Votos Perpetuos y celebrar conmigo durante este día tan memorable; su presencia, interés afectuoso y oraciones son una afirmación de la bondad y el amor de Dios. Siempre le agradeceré a Dios cada vez que piense en ustedes y siempre estaré orando por ustedes con alegría. Alabado sea el Verbo Encarnado. ¡Siempre!

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